La regla nº 1 para que tu pareja funcione
(y no solo la del pádel...)

(Email enviado el 28/02/23)

No sé si conoces un libro que se llama «Cómo ganar amigos e influir sobre las personas«.

El autor fue Dale Carnegie y, aunque se publicó en 1936, sigue siendo uno de los libros más leídos sobre las relaciones humanas.


Pues bien, este domingo, viendo la primera final de la temporada del World Pádel Tour, me di cuenta de que pasaba una cosa que explica Carnegie en el libro y, no me puedo resistir, tengo que compartirla contigo.

Te pongo en contexto:


A la final llegaron los número 1 (Lebrón y Galán), que llevan 3 años dominando el pádel mundial, y los número 2 (Coello y Tapia).

Arturo Coello (20) y Agus Tapia (23) son dos chavales insultantemente jóvenes que todo el mundo considera las dos máximas promesas del pádel profesional.


Bueno, promesas…

Como supondrás por su ranking, ya están más que consolidados en el circuito.

Lo que pasa es que, para llegar ahí arriba, ambos lo han hecho jugando como pareja de algún veterano top y por eso ahora todos teníamos ganas de ver si podrían competir juntos.


En las primeras eliminatorias, ya era bastante evidente que tenían mucha química.

«Estos chicos van a liarla», pensé.

Y vaya si la han liado, ganando la final a los número 1 en dos sets en su primer torneo juntos.

De locos.


La cuestión es que había un aspecto de su relación que me llamó la atención porque se repetía constantemente y no es nada frecuente.

Y resulta ser una de las reglas de las que hablaba Dale Carnegie en su libro.

[Ojo, que aquí viene la chicha del correo]


El autor explica que hay un deseo velado fundamental en todo ser humano. El deseo de ser importante.

Es algo para lo que estamos cableados, no lo podemos evitar.


Y a mí me hace gracia verlo en mis hijos, que constantemente se pelean por ser el primero que ha visto, dicho o hecho algo, por muy ridículo que sea.

(El otro día se terminaron pegando porque el pequeño vio un gato y la mayor le dijo que ella ya lo había visto antes 🤦‍♂️)


Entonces, una de las cosas que cuenta Carnegie en el libro es que la mejor forma de satisfacer e influir (positivamente) en alguien es demostrar aprecio sincero en él.

Aprecio genuino que le haga sentir importante.


Sin embargo, lo que solemos hacer todos es adular.

Y adular es decir a otra persona lo que se piensa de uno mismo.

Y por eso no sirve para nada.


«Mi compañero ha hecho un partidazo y yo solo le he acompañado» es una de las frases más repetidas por los profesionales en las entrevistas.

Pero decir eso y no decir nada es lo mismo.


Entonces, ¿cómo se puede mostrar aprecio honrado y sincero sin caer en la adulación barata?


Mira.

Arturo y Agus se han pasado el torneo haciendo puntazos increíbles. Los dos, al mismo nivel.


Sin embargo, en la mayoría de ellos, el que definía el punto permanecía tranquilo, mientras que el otro era el que se excitaba y se deshacía en gestos de admiración.

Celebraban más los puntos del compañero que los suyos.


Y se notaba que les nacía de dentro, que es lo que llega de verdad.

Porque, no me preguntes cómo, pero las personas notamos esas cosas.


La mayoría, entre los que me incluyo, nos pasamos la vida tratando de mostrar lo buenos que somos, ignorando que la verdadera satisfacción está en dejar brillar las habilidades de los demás.


Cada vez que das de comer a tu ego, es muy probable que te vayas alejando del éxito del equipo mientras que, desprenderse de la necesidad de demostrar lo importantes que somos y permitir lucirse al compañero, es como consigues que 1+1 no sean 2, sino mucho más.


Se comprensivo en tu aprobación y generoso en los elogios y, a la larga, sin duda, conseguiréis vuestra mejor versión.

Un saludo

Toño

PD: Con Arturo tenemos un vínculo especial porque es de Valladolid y explotó en su etapa de menores durante los años que los 4 estuvimos en la Federación de pádel de Castilla y León.

Es un auténtico fuera de serie. Ya te contaremos alguna anécdota suya.


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